Seleccionar página

Esta mañana en el metro, leía esta frase que pertenece a la publicidad de Bluespace (trasteros de alquiler) y me decía a mi misma: Así es. El tema quizá es qué entendemos cada uno por emocionante.

Yo acabo de ir a un diccionario de sinónimos y leo diferentes significados: Impresionante. Patético. Emotivo. Conmovedor. Inquietante. Trágico. Estremecedor. Palpitante. Apasionante. Sobrecogedor. Excitante. 

La emoción es la que nos lleva a la acción, la que nos hace ponernos en marcha y por tanto, en función de cuál sea (de ésas o de otras) la que asociamos a montar un negocio, tendremos una experiencia distinta.

Me acuerdo de mi primer negocio propio. Me invitaron a dejar mi trabajo como responsable de Marketing por diferencias con el dueño en el enfoque. Su hijo sí compartía la visión pero el padre, que estaba dejando la dirección, no. El caso es que me encontré repentinamente sin proyecto laboral… yo que siempre he dedicado mucha energía al trabajo (me viene del mandato familiar al que he sido bastante obediente) No encontré empresa en la que incorporarme así que tuve que reinventarme. Para mi, aquello fue inquietante e ilusionante a la vez.

Y lo que se me ocurrió fue sumar a lo que había hecho para otros, el momento del mundo. Eran los inicios de Internet. Y ahí encontré una oportunidad. Fueron tiempos duros y en vez de consolidarse, se transformó. Cambié de enfoque y volví a los Procesos y a la Calidad, ofreciendo mi colaboración a empresas que querían implantar la norma ISO. En esta etapa fue interesante y desafiante.

Para unos, montar un negocio es una necesidad porque no encuentro trabajo, porque soy muy mayor para trabajar para otros, porque tener jefe es lo peor,… Y en esa necesidad, quizá el foco está puesto en resolver desde la escasez y quizá el miedo. Al menos, a mi me ha pasado. Y ahora sé que desde ahí, lo que construyo es mucho más pobre, tiene mucho menos de mi, de mi autenticidad que si lo hago desde el amor a mi misma. Quizá te preguntes qué tiene que ver el amor. Te cuento. El amor es el que me permite darme cuenta de lo que yo tengo para aportar en mi negocio, valorar mi trayectoria (lo que me ha funcionado y lo que no) y crear las condiciones para aprender lo que requiero. Y todo eso, partiendo de imaginar y visualizar qué negocio quiero crear o desarrollar.

Porque si nos saltamos la fase de soñar y las emociones de palpitante, apasionante, excitante, las posibilidades de crear una vida mejor, con un trabajo que me satisfaga, se esfuman. A veces, ni siquiera podemos verlo porque la costumbre de hacer nos impide escucharnos, escuchar lo que nos hace sentido, lo que se alinea con lo que nos gusta y hacemos fácil.

Y en ese automático, dejamos que los juicios de lo que es imposible para mi, lo que voy a ser incapaz porque nunca he podido o porque en mi entorno nadie es emprendedor o porque nunca he ganado mucho dinero o … cualquier otra cosa de ese tipo que te digas a ti misma/o, tiñan nuestro emprendimiento de resignación o de frustración y nuestras posibilidades de éxito disminuyen sustancialmente. (Por cierto, otro día hablaremos del éxito. También es un tema que tiene su miga) Y esto vale para el inicio del proyecto y también para otras fases posteriores. Esos juicios, muchas veces operando desde el inconsciente, nos limitan.

Y aquí es donde entra la consciencia en el emprendimiento, como una pieza relevante en tu plan de negocio. Conocerte para poder empoderarte, aprendiendo en el camino lo que necesites.

Porque ¿cuántos negocios se montan para sobrevivir? ¿Cuántos eligen su actividad porque ahora está de moda? Mi experiencia dice que hay mejores lugares desde el que crear o desarrollar tu propio negocio.

Si eres emprendedor/a te invito a preguntarte:

¿para qué lo haces?

¿desde qué emociones estás creando?

¿qué te está pasando?

Y en la reflexión que generes, puedes encontrar los pilares sobre los que construir un negocio sólido y a la vez flexible.

Encantada de leerte por aquí o de que conversemos directamente para acompañarte en tu reflexión.