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Hoy te hablo a ti, a ti que tienes un sueño y mucho miedo a la vez. Bueno, lo de mucho o poco es una forma de verlo. Me refiero a ti, que a veces te imaginas en tu propio proyecto, te ves tomando las riendas y haciéndolo. A ti, que cuando te levantas por la mañana, te dices: Y si me atreviera…

También puede ser que ya hayas dado el salto y estés trabajando para ti, solo o con equipo y así y todo, sientas que falta algo, que los clientes llegan a cuentagotas o que te cuesta sostener la motivación y el empuje que requiere tu negocio. Te esfuerzas, empujas y sin embargo, se resiste.

Te comprendo, sé cómo es, porque yo también he pasado por esos momentos. Y te cuento lo que he aprendido.

A veces, emprendemos un negocio, un proyecto porque sabemos mucho de algo y pensamos que lo podemos hacer mejor que donde estamos aportando nuestro talento; que si fuéramos nuestro propio jefe, otro gallo cantaría. Y duplicamos un tipo de negocio, una propuesta de valor al mercado. Si ellos tienen clientes, yo también.

Otras veces, seguimos una moda. Ah! Dicen que ahora triunfa … (sustitúyanse los puntos suspensivos por la venta online, el cigarrillo electrónico, las panaderías con cafetería, el coaching, etc.) Y estudiamos el mercado, nos formamos e investigamos hasta que creamos nuestra web, abrimos nuestro local, o lo que corresponda.

Sin embargo, dónde queda mirar dentro, reflexionar en quién soy, cuáles son mis talentos y desde ahí qué puedo ofrecer al mundo. Ofrecerlo porque soy bueno en ello y a la vez me gusta, porque lo hago con soltura y disfruto. Y es tan innato que muchas veces, me pasa en transparencia. Lo ven todos menos yo.

Quizá si dejas de empeñarte en triunfar en aquello que se te metió en la cabeza, puedes generar el espacio y el tiempo para que aflore tu esencia, eso que te hace único y en lo que brillas con luz propia.

¡Qué lugar tan hermoso puede ser este mundo si lo hacemos!

Podemos descubrirlo juntos. Escríbeme.