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“No permitas que nunca nadie te diga lo que vales. Tú eres el único capaz de saber tu propio valor.”

Muhammad Alí

Bonita frase y sin embargo, ¿en cuántas ocasiones dejamos que nuestro valor lo pongan otros? Y no sólo en lo profesional sino a veces, también en lo personal. ¿Te ha dicho alguien muy próximo, quizá hasta de tu familia: “No lo sigas intentando, tú no vales para eso” Y así, ahora ni cantas,  ni escribes ni bailas,  ni seguiste con las matemáticas o renunciaste a ser arqueólogo o …

Nos quieren y sin embargo, nos etiquetan. Y hay etiquetas que empoderan pero hay otras que nos deforman porque nos hacen pasar por un tubo que nos estrecha o nos ancha o … Sólo las compramos para encajar.

Cuantos disgustos y cuántas terapias habríamos podido evitar simplemente con el hecho de permitir nuestros sueños, sin pinchar  nuestras burbujas, eso sí acompañándonos a aprender lo que necesitábamos para eso y apoyándonos si nos caíamos.

Como emprendedores, vivimos un proceso de creación permanente y esa creación requiere de conectar con nuestros talentos, mirar dentro y desde ahí, construir nuestra propuesta de valor que será única, porque cada uno somos únicos.

El emprendimiento es un proceso artesanal que más allá de una metodología para encontrar tu nicho de mercado, tu elevator pitch y otros tecnicismos, tendrá éxito si invertimos en nosotros mismos, en elevar nuestra consciencia para que nuestras creencias no nos frenen, para que lo que dicen los otros (incluso los expertos) nunca dirijan nuestro proyecto.

Y lo digo, porque lejos de haberlo leído en un libro, lo he vivido. Porque un día decidí emprender por obligación, para sobrevivir, porque era la única posibilidad que veía y hasta que no cambié mi chip, eso es lo que hice, sobrevivir.

¿Te atreves? Contacta conmigo por privado.